viernes, 14 de agosto de 2009

Llevar un mal matrimonio puede tener consecuencias mortales

¿Sabías que lo que vivimos en nuestras relaciones afectivas puede afectar nuestra salud? Las mujeres que tienen un matrimonio conflictivo son más propensas que sus esposos a sufrir depresión, hipertensión y obesidad, todos ellos factores de riesgo para las enfermedades coronarias, la embolia y la diabetes.

Estos son resultados presentados por psicólogos de la universidad estadounidense de Utah en un estudio que fue presentado en Chicago durante la reunión anual de la Sociedad Psicosomática Americana. Los hombres también se ven afectados, pero en menor grado, ante estas situaciones. (Si quieres conocer el estudio, haz click aquí.)

A reserva de los detalles del estudio, sobre los que no abundaré dado que puede ser consultado en el vínculo previamente señalado, quisiera reflexionar sobre algunos aspectos derivados de esta cuestión y quisiera empezar con una pregunta: ¿Cuánto tiempo le dedicas a estar bien en tus relaciones?

Suele ser un tema común de las charlas de sobremesa entre las mujeres -reconozcámoslo- el hablar de las cosas que no funcionan en nuestras relaciones y criticar a nuestras parejas por lo malos, egoístas y poco comprensivos que son. Por supuesto que juegan un papel en la relación y puede ser perfectamente legítimo sentirse mal y quejarse por lo que se vive, pero definitivamente, NO es SU culpa que nosotras estemos mal. El papel de víctima puede ser muy lucrativo socialmente para generar apoyo y poner "a la gente de nuestro lado" en esta situación, pero en el fondo, nuestro bienestar depende de uno, no de nuestra pareja, nuestros hijos, padres, amigos, jefes....¡de nadie más que de uno!

Me pregunto ¿qué sucedería si en lugar de dedicarnos horas enteras a quejarnos y verle los defectos al otro nos dedicásemos a ser mejores personas, a invertir en nuestro bienestar, salud, desarrollo y equilbrio emocional? El estar o no con una persona "tan mala" como a veces pintamos a las parejas depende en última instancia...de uno mismo. ¿Si es tan malo, qué hacemo ahí? ¿Si es tan desconsiderado, para qué aguantamos tanto mal trato? Por supuesto, asumir esta posición implica hacernos responsables de nuestras vidas y muchas veces es más fácil responsabilizar a alguien más de lo que vivimos que asumir que lo que vivimos es resultado de nuestras decisiones o de nuestra decisión de no decidir.

Lamento mucho si lo que buscabas al leer este post era encontrar argumentos para decirle a tu pareja "que por su culpa puede darte un infarto o que estás gorda porque debido al mal trato que te da tienes hipertensión, te dedicas a comer y estás deprimida". Estas son las consecuencias que puedes padecer por haber decidido no decidir estar bien en tu vida y haber decidido que tu pareja era la responsable de tu bienestar en todos los sentidos.

Al final del camino, sin embargo, puede ser muy frustrante saber que podías haber vivido una vida maravillosa, sana, en la que pudieras ser y hacer lo que querías y decidiste dejar tu futuro en manos de alguien más. La mala salud puede ser consecuencia de esta decisión...pero al final serás tú quien viva enferma y medicada -y aunque tu pareja pueda llegar a sentirse culpable si logras convencerlo de ello- quién no disfrutará TU vida eres tú. ¿El? También puede optar por no estar contigo y tu te enfrentarás a TU decisión tarde o temprano.

Imagen:ideasvida. wordpress

1 comentario:

Marisela dijo...

Yo creo que es importante recordar que existe la dependencia al mal trato, a las relaciones dañinas. Porque de alguna manera, nos debe dejar algún beneficio. Probablemente, el ser víctima, me permita tener la atención de los demás, su compasión, su aparente interés, y eso, satisfaga algún vacío. Habría que revisar cómo andamos en nuestra historia, qué andamos buscando satisfacer, para poder descubrir la razón que sostiene el estar en una relación destructiva. La buena noticia, es que cuando descubrimos las razones, podemos cambiar de rumbo, y entonces decir adiós a la dependencia al sufrimiento, agradecer esa experiencia que nos permitió resolver algún conflicto pendiente de nuestra historia de vida y permitir relacionarnos mejor con nosotras mismas y con los demás. Afectuosamente, María

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